el bazuqueador


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sábado 11 de diciembre de 2010

El holocausto de los de Indalovich

Mientras Walmer seguía sacando adelante a su Bilbanian Club, en las altas esferas había un duelo encarnizado entre los Real McDonalds y los FCBurgerkings. Las ansias de poder de ambos, eran ilimitadas, queriendo controlar todos los ámbitos concernientes al negocio.

En los últimos años, los fenicios de los FCBurgerkings habían comido mucho terreno a los de Indalovich. Realmente ofrecían ambos la misma ponzoña, aunque habían sabido proyectar una imagen más amable, para eso los fenicios del FCBurgerking eran muy listos.


Ahora la guerra consistía en disputarse los dominios de Iberian, cuyas tierras estaban dejando yermas de todo aquello que no fuera de un bando o de otro. Mucho poder demostraban ambos, y la próxima batalla, prometía ser encarnizada. Indalovich y sus secuaces llegaban con la moral muy alta, deseosos de hacerse con el poder en Condalian City, lugar de origen de los fenicios del FCBurgerking.


Esta batalla, una más de todas las que habían tenido entre ambos, no interesaba mucho a los del Bilbanian Club, que habían sido atacados recientemente por los de Indalovich, y a pesar del daño recibido, y aún estar tocados, se repusieron agónicamente gracias a la labor de su guerrero más valiente y con más coraje, Gurpeguian, al que años antes Lintxawhiskian, muy cercano a Indalovich, había encerrado en la mazmorra acusado de poseer una poción mágica. Todo esto había hecho aún más fuerte al duro Gurpeguian, al que los amantes de los Bilbanian club, profesaban un especial cariño por la lealtad y coraje de los que disponía este singular guerrero.


Aunque la guerra no fuese con ellos, Walmer y alguno de sus amigos asistieron expectantes a lo que podría ser una batalla competida e interesante. Pero en Condalian City, manó la sangre sólo de un lado. Indalovich vio cómo sus guerreros, que hasta ahora habían mostrado una táctica simple pero poderosa, sucumbían ante las maneras de juego de ajedrez que tenían los del FCBurgerking. Era el enésimo asalto que perdían en los últimos años. No le valió de nada todo el oro de Moskuwian que había gastado ni toda la propaganda que había realizado para rearmar la moral de sus tropas.


Ahora, no les quedaba más que volver a arrasar pequeños pueblos para seguir mostrando su fuerza y nadie cuestionase su poder.

Indalovich volvió a su morada, apesadumbrado, no sin antes recibir una triste noticia, su alegre bufón, Roncerdian, se había suicidado, incapaz de soportar el dolor por la batalla perdida.

Mientras tanto, Walmer seguía preparándose para visitar a unos vecinos molestos de Baskian, los Giputxians, pero aún le quedaban unos días para ello, y podía regocijarse viendo al malvado Indalovich hundido por la derrota que todo el oro robado no había podido evitar.