Maitrian era un planeta pequeño, tan pequeño, que la mayor parte de sus habitantes se vieron forzados a emigrar. Los maitrians, a lo largo del tiempo, y a base de viajes, no siempre con éxito, fueron consolidándose como grandes negociantes, muy trabajadores y emprendedores.Walmer siempre fue un joven inquieto, despierto, y con gran curiosidad por todo aquello que le rodeaba, por lo que en cuanto terminó su periplo en la maitrianskola, acudió al sabio de su pueblo, para pedir consejo sobre su próxima expedición.
- Walmer, eres un gran chico, creo que puedes prosperar en un planeta en el que muy pocos maitrians lo han podido hacer, es un planeta tan inhóspito como acogedor, tan desesperante como agradable, será un gran reto para ti, pero estoy seguro de que lo lograrás.
- ¿Y qué debo hacer? ¿Cómo son ellos? – respondió expectante Walmer.
- Walmer – aseveró el Gran Sabio – son en apariencia como nosotros, pero su organismo está mucho más atrasado y es mucho menos eficiente, por lo que tu negocio consistirá en darles de comer. Es algo que necesitan hacer varias veces, unas tres cada día de ellos, que equivale a una cuarta parte del nuestro. Deberás abrir un establecimiento donde ellos podrán satisfacer sus necesidades.
Y así prosiguió con una explicación somera sobre lo que debían hacer los habitantes de aquel planeta tan lejano y extraño para Walmer.El joven maitrian emprendió viaje, y por fin llegó a su destino. Afortunadamente, el Gran Sabio, le dio un contacto, un consejero de una tribu de aquel planeta, que se dedicaba como ellos a prosperar con trabajo y negocios, era el Rabino Indalovich.
- Mira, Walmer, si quieres prosperar en el negocio de la comida, debes seguir la línea del Real McDonalds y el FC BurgerKing. Ellos son los crean más negocio, la gente consume y se va, y además no protesta. Te enseñarán muchas maneras de entrar en este sector, pero la más rentable y con la que más gente puedes engañar, es ésta. Nosotros nos encargamos de que esa gente tenga la necesidad de ir a los establecimientos gracias al Marcanizador, una técnica de manipulación psicológica. Así es como te podrás hacer rico y poder regresar orgulloso a Maitrian.
Walmer le agradeció a Indalovich su consejo, pero salió aún con más dudas que con las que entró. El engaño y la manipulación era algo que no le gustaba a Walmer, por lo que se propuso investigar por su cuenta.Cada vez que pasaba uno de esos cortos días de aquel planeta, más confuso se sentía, alternaba cosas bellísimas con lo más repugnante que había visto. Gente del mismo planeta matándose, alternado con un amor desmedido que nunca había conocido…aquello era como le había contado el Gran Sabio.
Un buen día, Walmer llegó a una región muy verde, unos le habían dicho que era peligroso acercarse allí, puesto que sus habitantes, los baskians, eran bárbaros, mientras que otros le decían que era un lugar apasionante, y fue precisamente la disparidad de opiniones la que acercó al joven maitrian a la intrigante zona de los baskians.Aquella gente era diferente a lo que había visto anteriormente, y sobre todo, a lo que le habían dicho gente cercana a Indalovich, que eran muy contrarios a los baskians. Walmer, aún a pesar de su inquietud y curiosidad, no olvidó su cometido, el de prosperar, y empezó a buscar Real McDonalds y FC Burgerkings. Tras la búsqueda, Walmer se sentía desolado, ¿dónde estará el negocio aquí? ¿Por qué apenas funcionan estos establecimientos en este lugar? - pensaba el joven maitrian.
Ya en la gran urbe del pueblo baskian, Bilbanian, Walmer empezó a ver algo diferente a lo que había visto nunca a lo largo de su periplo lejos de su casa. Entabló conversación con unos habitantes de aquella ciudad que parecía metida en un gran cuenco:
- Aquí, nosotros no comemos en el Real McDonalds ni en el FC BurgerKing. Nosotros tenemos nuestra propia filosofía de la vida, y comemos en el Bilbanian Club, porque lo amamos y disfrutamos con ello.
¿Filosofía? ¿Vida? ¿Amar? ¿Disfrutar? Aquellos eran conceptos de los que el rabino Indalovich no le había hablado.
- No entiendo nada, ¿pero esto no da menos dinero?
- Sí, pero nosotros tenemos valores.
Aquello ya descuadró del todo a Walmer. “Explícamelo mejor”- le dijo a su amigo de Bilbanian. “Necesitas ver las caras de la gente cuando come, lo que come y lo entenderás, ven conmigo.
Haritzian, que así se llamaba el amigo de Walmer, lo llevó a una de las escasas sucursales de los dos gigantes que había en Bilbanian. “Siempre hay gente que se deja llevar por el imperio y por lo que dicen los de Indalovich, pero afortunadamente, son minoría. ¿Ves a esta gente? Come, y se va. Y sólo degustan, por decir algo, este tipo de comida, fácil, siempre parecida, están los veinte minutos que tardan en comerlo, y se van. No son felices, simplemente, se dejan llevar”.
Después, fueron a uno de esos Bilbanian Club. Cada uno era distinto, pero todos tenían algo en común. “¿Ves la diferencia? Aquí la gente conversa, comen con gusto, y cosas diferentes, se nota en la cara, por eso aman tanto a los bilbanian clubs, aunque a veces tengan sus incomodidades y los ataques de los dueños del imperio, que hacen lo posible por fastidiar nuestros establecimientos.
Walmer no podía distinguir los sabores de la comida, era algo que su organismo no permitía, pero sí tenía un sentido inalcanzable para el resto de habitantes de ese planeta. Esa percepción, le hizo pronto comprender, viendo a los Bilbanians, lo que eran los valores, la amistad, la filosofía, el disfrute, y sobre todo, el amor, el que descubrió Walmer en aquel lejano lugar que nunca más abandonó.
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