
Estamos inmersos ya en plena campaña electoral, la cual a pesar de despertar escaso interés entre la población, le cuesta a los contribuyentes la nada desdeñable cifra de 45 millones de euros.
¿Y para qué sirve? Está claro que para nada. Se siguen ignorando los temas principales, dejando en evidencia la clara irresponsabilidad de los políticos que nos toca padecer. Elecciones municipales en las que da igual la situación de miles de ayuntamientos que rozan la bancarrota. En Valencia (como en muchos otros sitios), un PP con imputados en sus listas por corrupción, obtendrá probablemente resultados históricos. En Andalucía el PSOE no se queda atrás con sus corruptelas.
La nefasta gestión de muchísimas administraciones (no diremos todas porque alguna aldea como la de Astérix puede que esté resistiendo al hedor que inunda la política española), y las posibles soluciones para enmendar el problema, quedan eclipsadas por las descalificaciones y soflamas de turno.
Tendremos una campaña con la legalización de Bildu como tema protagonista, y cómo no, con las imágenes patéticas de políticos haciendo el ridículo en actos de todo tipo, y con una abstención que será el "partido" más votado.